Una canasta de pan recién horneado al centro de la mesa en cualquier hogar es sinónimo de calidez y de unión. El momento de compartir el pan en familia es algo que seguramente todos los mexicanos hemos vivido y recordaremos siempre con nostalgia; ese ritual en el que cada quien elige su pieza o se parte cada una en muchos pedazos para que todos puedan probar de la deliciosa variedad de pan dulce.

Y vaya que la variedad tiene bien merecido su nombre; conchas, magdalenas, moños, chilindrinas, panqués, cuernitos, orejas, cochinitos, besos, barritas, ladrillos, condes, cocol, borrachos, huesos, rosca de canela, amores, trenzas, banderillas, hojaldras, ojo de buey, volcanes, polvorones, teleras y bolillos, entre otros, son los nombres con los que a lo largo de los años los ingeniosos panaderos mexicanos han ido bautizando a las piezas de pan según su color y forma. Es gracias a esta creatividad y picardía que nos caracteriza que actualmente México es reconocido como el país número uno a nivel mundial en riqueza de formas y sabores del pan.

Esta exquisita tradición que para nosotros hoy es tan común y forma parte de nuestra vida diaria, tiene su origen desde los tiempos de la conquista española. Fueron los colonizadores españoles quienes trajeron consigo el trigo y de quienes los indígenas de esta tierra aprendieron los procesos para transformarlo en distintas clases de pan. Sin embargo, con el paso del tiempo fueron dominando la técnica y desarrollando nuevas creaciones únicas en cada región, dando lugar a la basta variedad que es resultado de nuestra fusión cultural indígena y la herencia que nos dejaron las culturas europeas, principalmente la española y la francesa. 

En Tequila, la panadería artesanal es uno de los oficios tradicionales más antiguos y apreciados por la comunidad. Es tanto el amor de los tequilenses por el pan, que son más de veinte panaderías las que hornean diariamente para satisfacer a todos los ávidos consumidores del pueblo. No sería sorprendente que se haya originado en Tequila aquella famosa frase que dice “se vende como pan caliente”. 

La mayoría son panaderías sencillas que conservan los procesos de producción artesanales. Son establecimientos de tamaño pequeño a mediano, ninguno cuenta con grandes máquinas industriales y algunos siguen usando los antiguos hornos tradicionales y muy grandes en los que llegan a introducir cientos de piezas de pan para ser horneados. Entre los panes que no puedes dejar de probar están los famosos “sandwichitos”, unos panecitos rellenos de queso y carnes frías que se venden sólo por las tardes.

Ser un panadero tradicional de Tequila significa dedicarse con orgullo y esfuerzo a este oficio que les fue heredado desde generaciones pasadas, seguir transmitiendo sus conocimientos a los más jóvenes para preservarlos y, sobre todo, mantener viva la tradición al darnos la posibilidad de degustar de esos cachitos de memoria y de historia concentrada en cada dulce pieza de pan.